Irse de casa es un paso complicado para cualquier persona con ganas de independizarse. Uno puede tener muchas ganas, pero tiene que ser consciente de los gastos que tendrá que afrontar, así como la situación a la que pasa a estar. Todo tiene su parte buena y su parte mala, aunque no cabe duda de que llegado a cierto punto, irse de casa puede pasar de ser un deseo a ser una obligación.

El balance económico

No es lo mismo tener que abandonar el hogar por motivos laborales que hacerlo por un mal ambiente con nuestros parientes. Lo primero que hay que entender es que independizarse supone un gran gasto; pues de seguir viviendo con tus parientes, el pago del piso o casa, junto a la luz, internet y el agua se puede repartir, evitando con ello un gasto adicional de varios cientos de euros a cada mes.

Si ya dispones de trabajo, piensa en lo que estás ahorrando a cada mes en tu actual vivienda. Sin gastos superfluos, no debería ser nada difícil poder pagarse un alquiler todos los meses y que nos sobren al menos 300-400€ para el resto de gastos. De no alcanzar estas cifras, mejor es no plantearse la hipótesis de irse de casa.

Situación personal

Otro punto muy importante a tener en cuenta es tu situación con tus parientes. Es posible que no estés muy a gusto con tu padre, madre… o incluso con tus suegros. Especialmente lo último es bastante habitual y en esto la independencia “da vida”. Cuando uno tiene novio/a, la intimidad es muy importante y esto no se consigue teniendo a padres o hermanos en la misma casa.

Tampoco es nada cómodo convivir con unos parientes con los que se discute a diario, más allá de quién tenga la razón en sus argumentos. Vivir solo puede ser “triste” (depende para quién), pero convivir a mal con la familia puede convertirse en un infierno, por lo que si no te llevas muy bien con los tuyos, irse de casa es una buena opción.

La vida del independiente

Cuando uno se independiza, sí, se tiene libertad y se pueden hacer muchas cosas, pero también hay una contraparte. Especialmente si vamos a pasar a vivir solos, sin pareja ni amigos, posiblemente pasemos también a preocuparnos mucho más de la casa. En esta situación es cuando muchos acaban aprendiendo lo que significa planchar, cocinar, poner la lavadora, fregar… toda tarea de casa lleva un tiempo que posiblemente no nos sobre.

Pero además también está el problema de quedarse solo. Hay gente que no lleva bien el tema de vivir en solitario. Son muchas horas en casa sin nadie con quien hablar, mirando a la televisión, el móvil o cualquier cosa que nos evada de la realidad. No todos lo pueden soportar, por lo que lo mejor es analizarse a uno mismo antes de tomar la decisión de irse de casa.

Irse de casa: una decisión que debe tomar uno mismo

Desde un artículo no podemos entrar a fondo en la situación de cada uno. Posiblemente si tenías dudas, este texto te haya ayudado a resolverlas, pero también podría incluso incrementarlas. La decisión debe ser tomada por uno mismo, en base a su criterio y situación personal. Es muy importante tener en cuenta las consecuencias directas de la independencia, pues esta supone un gran cambio en nuestra vida.